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Una poeta en primera persona

Por Maria Lujan Picabea


“Me confieso pasional. Vivo ciega de pasión y poesía, tratando de convertir los dos torrentes en los impulsos profundos de mi vida. Me confieso pasional y por ello no le pido perdón a nadie. Quien se acerque a mí deberá soportarme como soy. De lo contrario, es preferible que frunza el ceño, como lo hacen algunas. No tengo manos de ángel y mi voz es fuerte como si hablara con enojo. Soy así porque soy elquina. ¡Que Dios me ampare de mi debilidad!... Y que yo sea capaz de confesar mis tristezas. Sin dolor no hay sentimiento, madre mía”. En primera persona y en presente, así se cuenta la poeta Gabriela Mistral en el libro Vivir y escribir. Prosas autobiográficas , publicado por Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile. La sentencia bien puede leerse tanto como una invitación o como una advertencia. Esta es Gabriela, no será a otra a quien los lectores encuentren en las páginas de este libro, es ella, sin cocción, sin macerar, es Mistral con sus manías, sus enconos, sus intrigas y sus pasiones. Qué importa que algunos de sus dichos tropiecen con otros, también suyos, no se pretende en el libro ajustarse a un rigor histórico o cronológico, sino recuperar su voz, su manera de decir, el modo en que ella habló de sí misma, sin nostalgia y en un riguroso presente. De modo que, dese el lector por advertido, la Mistral de este libro no es la del bronce, es una Mistral en prosa, que se parece mucho a la de su poesía.

Vivir y escribir es un inmenso trabajo de compilación realizado por Pedro Pablo Zegers Blachet, en base a una investigación y edición de Daniela Schütte González, con la colaboración de Claudia Tapia Roi. Estos nombres, que sólo aparecen en la primera página del libro, se hacen enormes al andarlo, porque es gracias a ellos que la narración de Mistral va haciéndose viva a partir del ensamblaje de retazos, trozos rescatados de entrevistas, publicaciones y cartas.

“El hecho es que cada cual ha escrito mi biografía a su manera y casi todas están llenas de errores”, sentencia la Premio Nobel en un pasaje y dice además en otro recorte: “Les conté que mi peor biografía les llegará siempre de Chile”. Pues he aquí, tal vez, el libro que refuta una y otra afirmación de Mistral.

La infancia, que dice desdichada, su posterior ingreso a la docencia sin haber antes conseguido un título que la habilitase, sus desgarros familiares, sus viajes, sus amores no correspondidos y los que ella no correspondió. El pesar de no haber sido madre y el suicidio de su novio de juventud y luego del sobrino al que crió siendo ella ya grande. El Nobel y la vida diplomática, Mistral, la que fue docente antes que poeta: “Yo no cambio mi alma cuando paso de la sala de clases a la mesa de trabajo. En ambas soy pequeña y torpe, pero en ambas procuro decir mi verdad”.

Fuente: www.revistaenie.clarin.com

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