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Algunas consideraciones sobre el problema de pueblos originarios: ¿A quién le pertenece la tierra?

Nuestros pasos sobre la tierra se absorben suavemente en el suelo orgánico, en el humus, del cual procede la vida y el alimento. Nuestros pasos sobre el mundo se sostienensea donde sea porque la tierra nos sostiene y sostiene nuestras construcciones. Nuestras vidas transcurren sobre la tierra. Todos los pueblos del mundo han tenido una relación particular al lugar que ocupan, al suelo, al territorio-marco de sus existencias. ¿Cuál es la nuestra?

PRIMERA PARTE

Tres maneras existen en general de vivir la relación con la tierra. La primera es comunitaria y expresa la intimidad de un vínculo profundo. Puede ser expresada a la manera –llamémosla Seattle, en recuerdo de la famosa carta del jefe indígena llamado así en el siglo XIX al presidente de los EEUU (aunque probablemente sea falsa (1) )– siguiente: la tierra no nos pertenece, somos nosotros quienes pertenecemos a la tierra. La idea misma de propiedad es ajena a esta concepción del mundo, se trata más bien de una pertenencia recíproca, de una raigambre del hombre a un territorio, de una relación a los ancestros y las potencias naturales. Esto corresponde a pueblos de cazadores, semi-nómades, pastores, y de agricultura incipiente. Muchos pueblos originarios de América, a excepción de los imperios, entendían así la relación a la tierra.

La segunda manera nos es comunicada por la Biblia y otras mitologías: el hombre es el pastor de la tierra, ella le fue encomendada. Aunque no le pertenece al hombre de manera originaria (sino al Creador) la tierra le ha sido legada. Grotius, en el Renacimiento, reactualiza esta visión teológica de la tierra como bien indiviso de la humanidad, de la cual por división, que pronto se convierte en apropiación, pasa a ser la propiedad de alguien y esa propiedad funda la autoridad de quien la posee. Esta forma corresponde más bien a culturas agrícolas del neolítico y de la antigüedad, así como a la fundación de las ciudades y los estados; dura miles de años y su expresión más arquetípica es el feudalismo de la edad media con sus extensiones hasta el latifundio moderno. La tierra le pertenece a un señor, la propiedad sobre ella funda el poder sobre quienes viven en ella trabajan y producen para el señor a cambio (o no) de protección y con diversos derechos.

La tercera, que es la actual, es un derivado de la anterior pero en una concepción totalmente materialista y capitalista: la tierra no es más que un bien material y un medio de producción de riquezas (2), materia prima a la cual hay que sacarle el máximo de partido con todo tipo de tecnologías. La propiedad privada (aunque a veces, también estatal) ya no funda ni autoridad ni nobleza, solo poder; todo elemento mágico ha desaparecido, solo importa su rendimiento, su utilidad técnica y económica; la apropiación puede ser lejana e impersonal, un fondo de pensiones en Ohio puede ser propietario de tierras en el sur de Chile.

Tal vez en el futuro, nuevas maneras de relación a la tierra serán inventadas, por ejemplo en base al principio de “inapropiabilidad”, así como se reclama ya para el aire, al agua y recursos que deben ser patrimonio libre de la comunidad de los seres vivientes (3). Pero,por lo pronto,ello no es de actualidad.

Por cierto el modo de vida actual de la gran mayoría urbana tiene poco que ver con la tierra. En nuestras ciudades, prácticamente no tenemos contacto con ella, ni con sus productos ni con sus habitantes; todo ha sido industrializado, tratado, envasado, acondicionado y transportado. La tierra no es más que un recuerdo o una vaga sensación cuando se va de vacaciones (4) o si se posee un jardín. Cemento o plástico sostienen nuestros pasos, aislándolos del suelo viviente, metal y caucho sirven de intermediarios. Que ello se pueda llamar “progreso” o “desarrollo”, no es el problema que nos ocupa, sino el hecho que esa situación permite que el problema de la propiedad de la tierra, que no ha desaparecido, no se plantee.

Por cierto, ¿desde cuándo la propiedad privada se concibe como una evidencia?

Varias teorías intentan explicar el origen de la propiedad privada. Conocida es la de Rousseau, que critica la apropiación como una impostura, un engaño, origen de la desigualdad(5). Marx se inspira de ella(6). También se puede citar a Proudhon, “la propiedad es robo”(7). También hay justificaciones del derecho a la propiedad, en los orígenes del liberalismo(8). No es esta la ocasión de discutir esta larga historia.

Una manera de ver las cosas, muy antigua, puede ser llamada la ley del primer ocupante. Reconocida desde la edad media, incluso hasta Kant. El primero que se encuentra en un lugar, por el azar o por alguna razón, tiene un derecho natural a permanecer en él. En general el hecho de haber nacido allí. Podemos precisar que para que esta idea funcione, debe haber sido ya establecida la idea de la propiedad de la tierra, aunque no sea privada.

Una importante (y trágica) “innovación” fue introducida por Vitoria, quien se esfuerza por deslegitimar la teoría del primer ocupante. Por cierto lo que le interesa es justificar la apropiación por parte de los españoles de las tierras del “nuevo mundo”. Una nueva forma de apropiación de la tierra aparece así: la guerra de conquista. Cantidades de justificaciones –la principal fue la de difundir “la verdadera religión”– fueron utilizadas para lo que debe considerarse una expoliación, un robo sistemático e institucionalizado(9).

La larga historia de la conquista está teñida de este lazo rojo entre guerra y tierra. Es un hecho que la usurpación armada de las tierras del “primer ocupante” fue acompañada de una violencia y una crueldad sin nombre.

El lector ya habrá adivinado hacia dónde se encamina esta reflexión. Pues nuestros países son los herederos de esta historia. Todo esto es extremadamente conocido, sin embargo nos incumbe como país ahora más que nunca continuar la reflexión. Los territorios conocidos con nombres de países actuales, fueron ocupados por pueblos anteriores.

(CONTINUARÁ)

CITAS

(1) En realidad, lo único que se sabe es que este jefe de las tribusDumawish et Suquamishen la mitad del siglo XIX pronunció un discurso. Alguien tomo notas y tradujo difícilmente. De la famosa “carta”, hay por lo menos tres versiones, muy probablemente retocadao enteramente inventada por algún californiano new ageo ecologista de los años 70. No importa mucho en este caso, pues es evidente que tenía talento.

(2) Esta idea tiene su origen en la escuela llamada de los Fisiócratas, en el siglo XVII y XVIII, según la cual la actividad agrícola es la verdadera y natural fuente de riquezas.

(3) Estos conceptos son trabajados en el pensamiento ecológico y en la filosofía actual, aunque sean aún poco difundidos.Ver Charles-Yves Zarka, “L’inapropriabilité de la terre”, Armand Colin, 2013.

(4) Ver columna anterior: « Vacaciones ».

(5) Jean-Jacques Rousseau, « Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes » (1755).

(6) Más exactamente el marxismo, pues es Engels el autor del famoso libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”.

(7) Proudhon, Pierre-Joseph, “Qu’est-ce que la propriété” (1840).

(8) John Locke, “Segundo tratado del gobierno civil” (1690)

(9) Francisco de Vitoria,en “Lección sobre los indios”,avanza otro argumento que puede dar risa hoy : Si los « salvajes » impiden o entraban al paso de los « visitantes » españoles, estaría violando el derecho de todo viajero y la libertad de ir y venir, por lo que sería una causa de “guerra justa”.

Fuente: elperiodistaonline.cl

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